Historia y Significado del Copal en México
Compartir
La historia del copal en México está profundamente ligada a la espiritualidad y la cultura prehispánica. Desde tiempos antiguos, tanto la resina como la madera del árbol de copal han sido consideradas elementos sagrados, símbolo de conexión entre los dioses y los hombres.
En los templos mexicas y mayas, el copal era ofrecido como incienso en los rituales. Fragmentos de resina y hojas de copal especialmente del género Bursera, como la Bursera bipinnata se han encontrado en las ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan, evidenciando su uso ceremonial y su valor simbólico.
El humo blanco del copal representaba pureza y comunicación divina. Los antiguos mexicanos lo asociaban con el dios “Iztacteteo”, el “dios blanco”, protector espiritual y guardián de los altares. En ceremonias, temazcales y ofrendas, el copal no solo purificaba, sino que también se consideraba alimento para los dioses.
Un legado vivo en el tiempo
Pese a la Conquista y los siglos de transformación cultural, el uso del copal sobrevivió. Hoy en día sigue presente en comunidades indígenas y mestizas, conservando su valor ritual, terapéutico y medicinal.
Cada lengua indígena en México tiene su propia palabra para nombrarlo, prueba de su arraigo en la identidad nacional. Desde Chiapas hasta Guerrero, el aroma del copal sigue marcando celebraciones, ofrendas y altares.
El copal no es solo una madera o resina: es un símbolo viviente de continuidad histórica, un hilo invisible que une a las civilizaciones prehispánicas con el México contemporáneo.
El copal en el arte mexicano
Además de su dimensión espiritual, el copal es parte esencial de dos grandes expresiones artesanales: los alebrijes de Oaxaca y las cajitas de Olinalá.
Uso del copal en los alebrijes
Los alebrijes, figuras fantásticas que combinan imaginación, color y tradición, se tallan principalmente en madera de copal. Esta madera es blanda y fácil de trabajar cuando está verde, lo que permite a los artesanos crear formas detalladas con cuchillos o machetes.
Al secarse, la madera conserva su resistencia y se transforma en el lienzo perfecto para los patrones zapotecas y mixtecos que decoran cada pieza.
Los pueblos de San Martín Tilcajete y San Antonio Arrazola, en Oaxaca, son los principales productores de alebrijes de copal, y su maestría ha trascendido fronteras.
Sin embargo, la demanda creciente ha impulsado programas de reforestación del copal, buscando preservar este recurso esencial para las generaciones futuras.
Uso del copal en las cajitas de Olinalá
En el estado de Guerrero, el copal también es protagonista. Las célebres cajitas de Olinalá se elaboran con su madera, tallada y decorada con finas capas de laca y pigmentos naturales.
Su textura suave y ligera permite lograr acabados minuciosos y colores brillantes que resaltan las flores y figuras tradicionales de la región.
Cada caja guarda no solo objetos, sino también el aroma del lináloe, el perfume natural del copal, y con él, siglos de herencia artesanal.
Un árbol que guarda el alma de México
Del humo sagrado de los templos al arte colorido de los talleres, el copal ha sido testigo del alma de México: su espiritualidad, su creatividad y su vínculo eterno con la naturaleza.
En cada figura tallada y en cada caja pintada vive la memoria de un pueblo que, a través del copal, sigue conversando con sus dioses y honrando su historia.
En Apapacho Mexicano
Honramos esta tradición apoyando a las comunidades artesanas de Oaxaca y Guerrero, que mantienen viva la herencia del copal a través de cada pieza única.
Cada creación es un homenaje al árbol sagrado que ha dado forma, aroma y alma al arte popular mexicano.